Música para volar

16/4/09


Como si un manantial de explosiones me sofocaran hasta la desesperación. Al borde de la locura, la amenaza. Lo prohibido, lo perpetuo. Y la frustación de nunca llegar.
Necesito una palabra. Necesito beberme de a tragos cada párrafo. Necesito impregnarme de sílabas consonantes y asonantes, de un ritmo tan puro como el nacimiento, es decir, la muerte, es decir el día. Y la noche. Y los cantos. La frustrada, la inocente. Y la música de la vigilia, el estupor ausente y una fuerza que me empuja en lo mas hondo, en el vacío.
Quiero un silencio estridente y finito. Quiero colmar esta sed de una vez. Y sin embargo, lo único que encuentro es un sórdido instante infinito y atestado de palabras. ¿Alguna vez cesará el recuerdo? ¿Alguna vez vomitará la herida? Porque la noche es larga y mi paciencia se deshoja. Y el muro se derrumba. Y la capital anuncia que este instante ha concluído.

14/4/09

Entre la rapidez del hecho y mis ansias por desatar el cataclismo de sentimientos atorados en el instante mas arduo de mi existencia, olvidé lo esencial en el cajón.
No pude limitarme a sentarme y observar con atención cada segundo ínfimo desparramado sobre una cascada de hechos irrevocables. Tampoco pude ser conciente mientras todo ocurría a una velocidad desesperante. Lo único que atiné a hacer fue transmutar la escena del escándalo en una escena hueca que llenase mis pulmones de aire en vez de oprimirlos. No evoqué ni una sola palabra, todo sonido estaba de mas. Solo retrocedí para comprender, para abarcar con mi conciencia a pleno, para rogar que todo ésto fuese almacenado en mi inconciente por el resto de la eternidad. Entonces recordé: muda soy y muda seré.

12/4/09


Silenciarse es el mayor acto de autoencarcelamiento, así como también de liberación.
Y digo esto porque las palabras atan. Pero atan de una manera atroz, de una manera tan masiva y a la vez tan sutil que pasa completamente desapercibida. Al decir el mínimo vocablo podemos estar desatando la mayor catástrofe de nuestras vidas sin ser concientes de ello, muchas veces por no escuchar, otras por no saber, otras por inercia o inconciencia. Muchas veces el destino interfiere. Supongamos que le pido a mi mamá que me prepare un café, y fue basta poner la pava al fuego que la hornalla encendió el trapo, y el trapo la remera de mi mamá, ésta a los apurones y en medio de gritos logró deshacerse de la remera, que a su vez encendió el sillón, y en un abrir y cerrar de ojos la casa es una llamarada ardiente que nos consume. No, claro que no fue MI culpa, pero si yo hubiese callado toda esta cascada de hechos desafortunados nunca hubiese ocurrido. A su vez, suponiendo que no hubiese dicho nada, ahogando mis ganas de tomar café probablemente me hubiese deshidratado, desmayado y luego quién sabe qué mas me hubiese ocurrido. Por eso retorno a mi hipótesis ambigua y sin sentido de que callar puede significar tanto una condena como una liberación.

27/3/09

No es lo mismo y sin embargo ES.

16/3/09


Saltó de rama en rama, de laguna en laguna, de silencio en silencio y aterrizó sobre mi hombro desnudo abierto a la imensidad del campo primaveral. Era fácil reconocer que de él se trataba, pues conservaba esa dulzura de niño al caminar y la delicadeza con la que uno trata a los recién nacidos. Estaba esperándolo. De hecho siempre lo había esperado y tenía la certeza de que algún día vendría por mí para llevarme. Desde niña tuve esa intriga fulminante al pensar en aquello, y he contado los días con ansiedad sin saber que hoy era el elegido. Estábamos allí, en el medio de la nada, bajo el cálido sol y el canto de los pájaros inquietos. No estaba nerviosa, confiaba en él.
Sorpresivamente, casi por impulso, con un gesto inerte tomó mi mano y me llevó impaciente a través de los álamos hasta llegar.
-Heme aquí.- Dijo, complacido consigo mismo.
-¿Cuánto falta? - Pregunté algo confundida.
-Hemos llegado, pensé que estaba claro.- Respondió.
-Esto es estúpido.-Reproché.
-Inesperado, querrás decir. No es lo mismo que estúpido. Estúpido es algo irremediablemente sin sentido. Pero todo puede cobrar sentido ahora. Depende.
-Estoy confundida.
-Todos lo estamos, y sin embargo seguimos a la manada. No importa hacia donde vayan, o cómo acaben, lo hacemos porque es lo supuesto, es lo que todos hacen, lo cual no significa que esté bien. A veces nos cansamos, pero tenemos la certeza de que debemos seguir corriendo porque si todos lo hacen, a algún lado nos llevará. Bueno, lamento desilucionarte pero no es cierto. Corremos sin razón alguna y hacia ningún lugar, corremos por el simple hecho de que todos corren buscando algo que nunca encontrarán por dos motivos: el primero y fundamental, que no existe; y el segundo, que nunca tendrán tiempo de comprobar que no existe porque nunca se detendrán. Es un sinfín atolondrado en forma de espiral. En cambio ésto, ésto es lo que debe ser y no es. Esto es lo que cuando baja el sol hace brillar el día. Pero no podés verlo, no podés porque al igual que todos, cuando llegue tu momento correrás a la par de ellos, buscando un no sé qué que de nada sirve nunca jamás. Pero como digo, es una lástima que no puedas verlo. Es una lástima que nadie se atreva a verlo y decida correr como hace el inconciente colectivo carente de fantasía.
-Quiero volver, ésto es ajeno.
-Siempre lo supe.

1/2/09







Te quitaré las alas innatas que gozas y sucumbiré en la oquedad de tu pulso. Caerá la noche y no podrás herirme sin armas. Tu sangre es espesa y brillante pero no la necesitas. No. ¿Para qué? Me tienes a mí, ¿recuerdas? Eso bastará para sobrevivir en penurias fustigando mis ruegos, recabando fútilmente aquí y allá. Nadie saldrá endeble. -Me debes un par de alas y unos cuantos litros de sangre-. Me dices. Pero ya no te oigo, porque hasta tu médula me pertenece. Olvida esa cefalea y envuélveme en tu capullo y no refutes la bifurcación que se aproxima. Eres mío y tendré que dejarte, herido como llegaste. No sin antes purgarme.



28/1/09











No
menciones
la palabra
claustrofobia,
pues soy débil.
Comparte
estas horas
con mis pieles
erizadas
que el dolor
pronto morirá
en la sed de
auxiliarte de
mis pieles
erizadas.
El dolor
pronto morirá
junto a mis pieles
erizadas.